La escritura nos aleja de la monotonía de lo cotidiano y nos sumerge en universos de fantasía. Nos permite ser nosotros mismos y explayar lo que sentimos, por eso, demos rienda suelta a lo que somos y a lo que tenemos. No debemos detener la creatividad y guardarla en un frasco hasta que se marchite. Ella espera, siempre latente, a ser develada.
martes, 16 de diciembre de 2008
Mansión antigua.
Mansión antigua que descansas bajo llave.
Tus paredes de piedra enmohecidas de silencio.
Tu verde jardín sereno.
Los pasos de los fantasmas se acoplan a tu suelo.
Esconde el sonido un trágico hecho
entre bastiones de sombras y gritos ajenos.
Tu piel de terciopelo se oscurece
durante el frío invierno.
Una mujer reclama ayuda
debajo de un ciruelo.
Se desplaza su figura en paralelo.
Cubierta de mortajas sueño.
Desde la cama en llamas me desvelo.
Ahogo el calvario de este misterio,
resuelvo los enigmas del suceso.
Sujeto tierra magra entre los dedos.
Aliento cortante siento.
Columnas de madera rodean mi aposento.
Gárgolas góticas,
cúpulas de acero,
ventanas octogonales
se abren al viento.
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