Contemplan los lectores el misterioso jardín.
Ajeno al conocimiento permanece allí.
Estático, encapsulado, en una jaula sin fín.
Mira al cielo el verde vivir,
intentando escapar de una trampa infantil.
Recibe el aire y la lluvia su sentir
a escasas bocanadas, desde un espacio gris.
Un rectángulo de metal, un vidriado hostil,
atrapan su coraje, no lo dejan salir.
Baldosas lo sostienen para no sufrir.
Las marcas del tiempo le impiden mentir.
Disimula el letargo su paso por aquí,
espía entre los libros, una tarde de abril.
La escritura nos aleja de la monotonía de lo cotidiano y nos sumerge en universos de fantasía. Nos permite ser nosotros mismos y explayar lo que sentimos, por eso, demos rienda suelta a lo que somos y a lo que tenemos. No debemos detener la creatividad y guardarla en un frasco hasta que se marchite. Ella espera, siempre latente, a ser develada.
viernes, 26 de diciembre de 2008
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